lunes, 22 de abril de 2013

Parámetros del precio de una traducción (II)

Hoy deseamos concluir  la explicación de los factores que intervienen en la fijación de tarifas. (Continuación de «Parámetros del precio de una traducción (I)»)

7. Corrección o revisión

Éste es uno de los parámetros que más influye en el precio de una traducción, ya que se trata del trabajo realizado por un segundo traductor y supone en torno a un 15% del precio final de una traducción. En principio, se puede renunciar a este servicio, pero nosotros desaconsejamos rotundamente dicha práctica ya que mediante este proceso se lleva a cabo el control de calidad desde el punto de vista lingüístico de una traducción (en este caso, entendemos la calidad desde la perspectiva del producto y no debemos confundirla con el concepto que explicaremos en el siguiente punto.)
En dicho control de calidad interviene la figura del revisor. Según la norma europea de calidad UNE EN-15038, específica para servicios de traducción y aprobada por el CEN en 2006:
«Todo servicio de traducción […] tiene que incluir, al menos, traducción y revisión.
  • Traducción y comprobación. Un traductor con las competencias adecuadas traduce los documentos y, tras finalizar la traducción inicial, verifica su propio trabajo.
  • Revisión. Una persona diferente del traductor revisa la traducción. La norma define revisión como el “examen de una traducción respecto a su adecuación a la finalidad prevista, cotejo de los textos de origen y de destino, y recomendación de las correcciones pertinentes”.»
En nuestra opinión, el revisor además debe realizar una corrección de concepto que dicha norma UNE EN-15038 define como el «examen de un texto de destino traducido respecto a su adecuación a la finalidad prevista y a las convenciones del dominio al que pertenece, y recomendación de las correcciones pertinentes».
(Si desea leer una aproximación a las diferencias existentes entre la revisión de una traducción y la corrección de estilo, le recomendamos que lea esta entrada de Patricia Lluberas.)

8. Nivel de calidad

Se trata de uno de los parámetros más difíciles de definir, porque el término calidad se emplea para aludir a diferentes conceptos:
  • calidad del proceso: en la que se centra, p. ej., la norma UNE EN-15038 que determina el procedimiento para garantizar la correcta ejecución de todo el proceso
  • calidad del producto: control de la calidad de una traducción (a la que aludimos en el punto anterior)
  • calidad desde el punto de vista del cliente: exigencias y satisfacción del cliente
En este caso, nosotros nos vamos a centrar en el tercer concepto o calidad entendida por la satisfacción lograda para el cliente. En este sentido, estamos de acuerdo con la afirmación de Judith Zaragoza Tirado: «El traductor debe tener siempre presente que en el ámbito empresarial "calidad" no es otra cosa que "satisfacción del cliente" y que, por tanto, una traducción de calidad será aquella que satisfaga las exigencias de su cliente.»
Un ejemplo bastante habitual en la actualidad, es que como muchas empresas han trasladado algunas de sus fábricas al continente asiático, mucha de la documentación que se traduce por ejemplo al inglés está dirigida a un destinatario que posee menos conocimientos de ese idioma. Por eso, algunos clientes están solicitando que se realice una traducción más «plana» y más sencilla lingüísticamente hablando, aunque el documento original no esté redactado de esa manera. En este caso, el cliente necesita la traducción de dicha documentación para uso interno y no para su publicación, por eso, es posible entregar una traducción que quizá estilísticamente sea más pobre, aunque precisa en cuanto a la información transmitida, la terminología, etc. Como señala Chris Durban: «Los especialistas a menudo definen una traducción con fines informativos como un trabajo preciso aunque sin pulir. Normalmente, éste se puede producir de manera más rápida y más barata que un trabajo para publicar.» En el ejemplo señalado, este parámetro puede suponer una reducción en el precio final de la traducción, porque el traductor debe invertir menos tiempo en la redacción estilística del texto.
¿Cómo nos puede ayudar el cliente a proporcionarle la máxima calidad? Cuanta más colaboración tengamos por su parte, mejor seremos capaces de satisfacer sus necesidades. En una situación ideal, el cliente explica al traductor cuál es el objetivo de su documento, quiénes son sus destinatarios y qué mensaje quiere transmitir. Si, además, puede facilitar un contexto para dicho documento y material que le pueda servir de referencia, como otros documentos previamente traducidos, los glosarios recopilados con la terminología que usa su empresa y, en el mejor de los casos, memorias de traducción de previos trabajos, etc., en ese caso, el traductor podrá trabajar en unas condiciones óptimas de trabajo y el nivel de calidad de su traducción podrá satisfacer plenamente los requisitos de su cliente.

9. Tipo de archivo facilitado

En general, las tarifas que aplicamos están basadas en la recepción de archivos editables sobre los que se puede trabajar directamente, como por ejemplo los archivos de texto (txt), de Microsoft Office (doc, docx, xls, xlsx, ppt), etc. Gracias al uso cada vez más generalizado de las herramientas TAO, cada vez nos resulta más sencillo trabajar con formatos que antiguamente requerían conocimientos adicionales, como Adobe FrameMaker (mif), InDesign (inx, idml), HTML, JavaScript, XLIFF, entre otros.
Sin embargo, hay formatos en los que puede resultar muy laborioso trabajar, como en PDF de documentos escaneados, imágenes o gráficos, documentos en papel, etc. Los documentos de este tipo no se pueden editar directamente, sino que en muchas ocasiones debemos efectuar tareas diferentes a las de traducción para poder realizar nuestro trabajo. Por ejemplo, muchas veces dentro de un documento como un manual de instrucciones podemos encontrar imágenes que contienen texto que debe ser traducido. En estos casos, el traductor debe copiar la imagen y editarla con un programa adecuado para poder eliminar el texto del idioma original e introducir el texto traducido. Imaginemos que dicha foto contiene 50 palabras y que en una situación normal llevaría un trabajo de unos 10 minutos. Al tener que realizar todo el proceso de manipulación de la imagen, probablemente al final deberemos dedicarle más de una hora de trabajo a esas pocas palabras. Por eso, en estos casos solemos contabilizar el volumen de trabajo en horas y no en palabras.

10. Maquetación o edición

En muchas ocasiones, recibimos documentos que han sido elaborados para un idioma concreto como el inglés y en los que no se ha tenido en cuenta que otros idiomas como las lenguas romances emplean un mayor número de palabras para expresar las mismas ideas. Esto provoca que el texto traducido no encaje perfectamente en el espacio que se le ha destinado inicialmente y, por tanto, es necesario volver a maquetar dichos documentos, para que su apariencia siga siendo impecable. En estos casos, muchas veces nos vemos obligados a contratar los servicios de un maquetador profesional, lo que naturalmente aumenta el precio final de la traducción.

11. Finalidad del documento

En nuestra opinión, la finalidad del documento debe ser uno de los factores que se sopesen a la hora de elaborar un presupuesto. En este sentido, debemos diferenciar si se trata de documentación de carácter privado; o de documentos que se deben publicar para un grupo de destinatarios especializados; o de una obra para el público en general; o de documentos que se deben presentar en instituciones oficiales, etc. Dicha finalidad determina la relevancia de la información transmitida y, a su vez, la diligencia con la que deberemos desarrollar nuestro trabajo. 

12. Responsabilidad civil

Como en otras profesiones liberales, en nuestra actividad, estamos expuestos a cometer un error que puede tener consecuencias de carácter grave en determinadas circunstancias. Ante una negligencia de estas características, asumimos lo que se denomina responsabilidad civil, que es la obligación que recae sobre una persona de reparar el daño que ha causado a otro, sea en naturaleza o bien por un equivalente monetario, habitualmente mediante el pago de una indemnización de perjuicios. 
Esto quiere decir que como autores de una traducción nos pueden reclamar los daños y perjuicios ocasionados por un error en nuestro trabajo. Podemos pensar que sólo los intérpretes jurados que rubrican su firma en un documento oficial tienen tal responsabilidad. O que si no hemos firmado expresamente un contrato quedamos exentos de semejante responsabilidad. Sin embargo, cualquier trabajo que se efectúa a cambio de dinero implica la existencia de un contrato, aunque no se firme ningún documento.
Por este motivo, consideramos que es importante tener en cuenta la gravedad de las consecuencias que pueden resultar del potencial error que podemos llegar a cometer en una traducción determinada y, por tanto, debemos reflexionar sobre si el riesgo que conlleva un trabajo en concreto es elevado y si dicho riesgo debe quedar reflejado en el precio de la traducción.


Como ya nos hemos extendido lo suficiente por hoy, nos gustaría poder desarrollar este tema en profundidad en una próxima entrada.
Así, concluimos la explicación de los parámetros que introducíamos en «¿Cuánto cuesta una traducción?». Esperamos haber podido aclarar todas sus dudas respecto a este asunto y que la información que hemos compartido le resulte útil. Si todavía le surgen preguntas o sugerencias, no dude en dejarnos un comentario.
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