lunes, 25 de marzo de 2013

Retos de un traductor autónomo (II)

Por Ana Bermúdez



Hace unas semanas hablábamos sobre los retos de un traductor autónomo desde el punto de vista personal y ahora queremos hacer un repaso de los retos de cada uno de nosotros desde el punto de vista profesional.

Reto 1: mantener un sistema de contabilidad y actualizarlo con cada proyecto
Al principio porque tenemos tan pocos encargos que no hay duda de que nos acordaremos de todo y después porque tenemos tanto trabajo que se nos olvida guardar los datos por las prisas. El hecho de no hacerlo nos traerá problemas a la hora de analizar la rentabilidad o la evolución de nuestro trabajo, además de problemas fiscales.
Puede ser una tabla de Excel con fecha del proyecto, datos del cliente, número de palabras, tarifa, total bruto, total neto, etc. A mí me resulta también muy útil usar un código de colores para saber si un proyecto está facturado y cobrado (rojo cuando no y verde cuando sí). 


Reto 2: llevar una tabla de tarifas por clientes y combinaciones lingüísticas
Porque cada cliente es diferente y cada negociación es un mundo, debemos tener una tabla bien organizada con las tarifas que le cobramos a cada uno y en cada combinación lingüística. Así evitaremos errores en detrimento de nuestros ingresos y de nuestra relación con cada cliente. Lo ideal sería actualizar esas tarifas aproximadamente una vez al año.  

Reto 3: mantener nuestras herramientas de trabajo actualizadas
Es inevitable que destinemos parte de nuestros ingresos a mantener nuestras herramientas de trabajo actualizadas. Y con esto me refiero tanto a software (TAO, diccionarios electrónicos, navegadores, procesadores de texto, programas de conversión de archivos, etc.) como a hardware (escáner, disco duro, tarjeta de sonido, impresora, etc.). Los diccionarios en papel quedaron relegados a casos contados y muy concretos por más que nos duela.

Reto 4: alimentar bien las TAO
Para que el dinero que destinamos a comprar y actualizar herramientas de traducción asistida no sea un gasto sino una inversión, hemos de usarlas siempre (por pequeño que sea el proyecto que nos ocupa) y alimentarlas de la manera correcta. A mí me resulta muy útil reciclar las memorias que tengo por clientes y organizarlas por tema o especialidad, así como ir introduciendo la terminología en los diccionarios.

Reto 5: saber decir que no a lo que no nos conviene
Hasta ahora, siempre que he tenido dudas a la hora de aceptar un proyecto, bien por mi capacidad (tiempo, campo de especialidad, etc.) o bien por considerar que las condiciones del trabajo no eran las adecuadas (plazo, precio, etc.) he acabado dándome cuenta de que fue un error aceptarlo. Para evitar esto, aprendamos a decir NO desde el principio, por favor.

Reto 6: tarjetas de visita y CV
Tanto las tarjetas de visita como el CV son nuestra primera carta de presentación y pueden marcar la diferencia entre nosotros y los demás profesionales de nuestro ámbito. Por ello es fundamental tener ambas cosas siempre actualizadas y a mano. Tampoco está de más realizar un dossier de presentación de nuestros servicios (puede ser en formato digital) y un formato bonito de presupuesto, que es otra de las primeras cosas que nos solicitará un potencial cliente.

Reto 7: diversificar riesgos, es decir, traducir tanto para agencias de traducción como para clientes directos
Cada uno tiene sus ventajas y sus inconvenientes (véase lo que dice Oliver Carreira al respecto) y siempre he considerado un acierto lo de «no poner todos los huevos en la misma canasta».

Reto 8: guardar copias de seguridad de los trabajos
Los problemas técnicos, el paso del tiempo, el cambio de ordenador… hay múltiples factores que pueden hacer que se dificulte la tarea de recuperar un trabajo realizado, por lo que una copia de seguridad es imprescindible para cada proyecto por mínimo que sea. Hacerlo una vez al mes en el momento de facturar puede ser una buena opción.
 
Reto 9: pedir retroalimentación (feedback) al cliente sobre nuestro trabajo
Saber lo que los clientes opinan sobre nuestro trabajo nos ayuda a conocerlos mejor a ellos y a corregirnos nosotros y crecer como profesionales.

Reto 10: reciclarse y actualizarse
Hoy en día no hay excusa ya que, aparte de los medios tradicionales como cursos presenciales, congresos, jornadas o cafés con los colegas, contamos con nuevas y cómodas herramientas como las redes sociales, los webinarios o los cursos a distancia, entre otros.

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