lunes, 4 de marzo de 2013

Retos de un traductor autónomo (I)

Por Ana Bermúdez



Para comenzar el mes de marzo he decidido poner por escrito algunas tareas que considero que constituyen un reto para casi cualquier traductor autónomo. Estoy convencida de que nuestra calidad de vida mejoraría en gran medida si fuéramos capaces de aplicar a partir de hoy el decálogo que os propongo a continuación.

Reto 1: establecer un horario
Cada uno sabrá cuál es el que le conviene pero, desde luego, no es sano andar traduciendo a ratos y por todas partes el día entero. Y creedme, hablo por experiencia.


Reto 2: quitarse el pijama (y por supuesto ducharse)
Este reto puede relacionarse con el reto 8, ya que una buena opción es cambiarse el pijama por el chándal tempranito, hacer un poco de ejercicio y ducharse antes de comenzar la jornada laboral. En mi caso es la única forma viable si no quiero que la pereza se apodere de mí a medida que pasa el día. 


 
Reto 3: acondicionar nuestro lugar de trabajo
Lo más sano en este sentido es reservar una habitación (o al menos un rinconcito) para establecer nuestro lugar de trabajo. Un lugar con buena luz, un teléfono, una pantalla grande, un buen teclado (si es ergonómico mejor) y, sobre todo, una magnífica y cómoda silla. Lo ideal es que tanto nosotros como el resto de miembros de nuestra familia reconozcan ese lugar como nuestra oficina y sepan (y sepamos) que mientras estamos ahí, estamos trabajando.



Reto 4: abandonar el portátil
Realmente, más que abandonarlo, lo que tenemos que hacer es optimizar sus posibilidades. Recomiendo en este sentido consultar la siguiente imagen, que obviamente no puede respetarse sin haber conectado nuestro querido e inseparable ordenador portátil a una gran pantalla, así como a un teclado y un ratón externos.

Reto 5: darnos cuenta de que algunas cosas son propias de nuestra profesión y no todo el mundo está obligado a saberlas
Es verdad que estamos cansados de repetir la diferencia entre un traductor y un intérprete o entre la lengua de origen y la lengua de destino, pero ¿acaso nosotros sabemos exactamente la diferencia entre un jefe de obra y un encargado de obra o entre un perito y un consultor técnico? Estamos de acuerdo en que tenemos que conseguir que nuestra profesión se respete y se reconozca, pero hagámoslo bien y dejemos de perder los papeles cada vez que alguien ajeno al tema se confunde respecto a lo nuestro.

Reto 6: tratarse la adicción a las redes sociales
Hay que tener valor para comentar esto cuando yo misma soy malísima en este aspecto. Estar todo el día sentado frente al ordenador no ayuda, pero es increíble cuánto tiempo se puede ahorrar si establecemos un horario para acceder a las redes sociales y lo respetamos. Y por supuesto, hay que cerrar las pestañas en cuanto finalice el horario para que los avisos tipo “Fulanito comentó tu foto” o “Menganito quiere ser tu amigo” no sigan distrayendo nuestra atención durante todo el día.

Reto 7: comer bien
Que levante la mano el que en los periodos con mayor volumen de trabajo no se ha pasado una semana entera alimentándose a base de comida china a domicilio, o ha cogido un salchichón y se lo ha comido a bocados para ganar tiempo. Como opciones alternativas pero igual de rápidas que éstas propongo: tener varias raciones de lentejas (o de lo que sea) en el congelador en previsión de estos momentos; comprar bolsitas con lechuga o espinacas ya lavadas y cortadas, tomatitos cherry y queso en cuadritos para preparar una ensalada exprés; o mezclar una lata de verduras mixtas con una lata de atún en aceite de oliva.


Reto 8: hacer ejercicio
Por las características de nuestro trabajo, más nos vale movernos un poco si no queremos poder llegar rodando a los sitios. El tipo de ejercicio puede variar: gimnasio, zumba, correr por el barrio… lo que sea. Y los fines de semana aprovechemos para montar bici en familia, pasear, remar en el Retiro o correr detrás del perro, si tenemos perro.

Reto 9: comportarnos como profesionales para que los demás nos vean así
Hacer presupuesto, tener página web, llevar siempre la tarjeta de visita encima, ser capaces de responder cualquier correo o llamada en poco tiempo, cumplir siempre con el plazo establecido o tener un lugar decente donde recibir a un cliente o colega si surge la ocasión son algunas de las cosas que harán que los demás nos respeten como profesionales.

Reto 10: relacionarnos (bien) y colaborar con los colegas
El celo profesional no encaja con nuestra profesión. Sin embargo, Twitter, Facebook y unas cañas con tapas después del trabajo con los colegas encajan a la perfección, ¿o no? 


¿Y tú?, ¿cuál es el mayor reto al que te enfrentas cada día como traductor autónomo?

¿Quieres seguirnos por correo?